La luz que suscitaba el fuego
disperso y solo el humo viajó,
como hilo en el viento
el tiempo lo amarró.
¿Y ahora?
Llamas y cenizas
de la faz fugaron,
para ser olvidadas
para nunca nombrarlas.
Se apagó la . . .
De velas prestadas.
UN ÁNGEL DORADO
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