Fueron un puñado
las
que vieron la luz del día,
amasando
con la espera
volver a escucharlas,
al
filo de la medianoche.
Expuestas
a
creer y dudar
se
pasearon tranquilas,
pero
siempre buscando agarrarse
para
no caer cuando el mentir
empujara la sensible
creencia
Ahora,
Palabra
y sentir se encontraron
y nada
extraordinario ocurrió,
porque
la palabra. . .
En
compañía llegó,
acabando
todo, todito de un golpe
y
sin anestesia.
UN ÁNGEL DORADO

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