Corrí
. . .
Busqué
firmeza en la tierra misma
posé
los pies sobre tiernas hojas,
humedeció
el rocío la cabellera suelta
huí de minutos , horas , días y meses.
¡Que
nadie se atreva a detenerme!
Serán los árboles mis guías constantes
aromas y sonidos alertarán peligros,
hablaré de mis cuitas con la noche en calma
correré a prisa agarrada de la brisa.
UN ÁNGEL DORADO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario