Jamás
sospechamos que algo andaba mal
en
tu cuerpo hermoso y fornido.
Constantes aullidos a los oídos llegaban
sin
transmitirnos dolor, muchos menos agonía.
Colapsó la función renal
y todo
llegó a su final .
Te
extrañamos Pinky . . .
Añoramos
tu presencia cada segundo de vida
cierra
por favor las grietas, que al alma le dejaste.
Hoy,
imaginamos
que juegas en el cielo de los gatos
y entonces,
sonríe el vacío de tu cuerpo,
superando
éste silencio que a veces desespera.
UN ÁNGEL DORADO

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