lunes, 12 de mayo de 2014

SUFREN LAS MANOS. . .

Al  confirmar  las veces que  el cuerpo le habla.

Presienten la hora marcada;
la abertura se abre, el hálito escapa
blanca  es la tibieza, del  agua que llora.

Se alerta el oxígeno, fallece la presa.

 El acuario se usa, antes que el cristal se rompa.

Palabras, palabras. . .
Con olor a tedio, cansancio, fastidio;
cierran los oídos, se  evaden  compromisos.

Se tira la atarraya; 
Se  saca del  río  el sustento
el necesitado para llevar el nombre,
de pescador complacido.


Recordar siempre. . .
Entregarle al río lo que es del río  
al mar lo que es del mar;
para que no se ahogue,
la vida entre las manos.

UN ÁNGEL DORADO


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