Al confirmar las veces que el cuerpo le habla.
Presienten
la hora marcada;
la
abertura se abre, el hálito escapa
blanca
es la tibieza, del agua que llora.
Se
alerta el oxígeno, fallece la presa.
El acuario se usa, antes que el cristal se
rompa.
Palabras,
palabras. . .
Con
olor a tedio, cansancio, fastidio;
cierran
los oídos, se evaden compromisos.
Se
tira la atarraya;
Se
saca del
río el sustento
el
necesitado para llevar el nombre,
de
pescador complacido.
Recordar
siempre. . .
Entregarle
al río lo que es del río
al
mar lo que es del mar;
para
que no se ahogue,
la
vida entre las manos.
UN ÁNGEL DORADO
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