Las mariposas servirán de guía
y cada
flor perfumará la huella,
que marcada quedó sobre la vía
por donde transitaba la doncella.
Cruzaré el río navegable
llegaré a ese puerto donde habita la soledad
y
con permiso, cruzaré la inmensidad
que por mi espera, de forma apacible.
Juega con el cabello brisa ilusionada
hazle nudos a las hebras, ¡desordénalo!,
y sean las suaves manos del poeta
quien las ordene. . .
tejiendo con ellas, una bella trenza.
UN ÁNGEL DORADO.

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