Celebramos muchos todavía;
tu nombre, ¡ Oh Madre Mía.!
Cobijaste mi niñez, adolescencia, adultez,
aún tus sábanas especiales, cubren mi
sino, mi ser
y no concebiré el día, que no me puedas, proteger.
Serán las flores de mi jardín, las que
adornen tu santuario.
Permíteme encender velones, como antes
como siempre;
pues siento que mis rituales, cuentan
con tu aprobación,
rezaré el santo rosario, sola o acompañada
total; es mía, la
ferviente devoción.
Gracias, gracias Virgen María, por tu
amor y protección.
UN ÁNGEL DORADO

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