martes, 4 de marzo de 2014

YO CONFIESO


Que un día cualquiera sin buscar al amor
lo  encontré  atado con hilos de soledad,
verdugos  vestidos con el  color del dolor
poco a poco debilitaban su otrora integridad.

A lo lejos. . .
Escuché al  indefenso afecto que  insistente me llamaba 
y como aguja furiosa el lino desenhebré con ganas,
 fue mi  boca y los suspiros quienes ahogaron sus penas
derrotando la mísera  duda, comprobando cuanto lo  amaba.


Un  Ángel Dorado.


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