lo encontré atado con hilos de soledad,
verdugos vestidos con el color del dolor
poco a poco debilitaban su otrora integridad.
A lo lejos. . .
Escuché al indefenso afecto que insistente
me llamaba
y como aguja furiosa el lino desenhebré con
ganas,
fue mi boca y los suspiros quienes
ahogaron sus penas
derrotando la mísera duda, comprobando cuanto lo
amaba.

No hay comentarios:
Publicar un comentario