Abrochado el orgullo con botones rosados
calzados los pies con destinos sin metas,
se lanzó la amistad al tiempo, la
distancia
sin portar equipaje, reminiscencias, pesares.
Diferente acento un tanto resfriado
pasó por el tímpano, cruzó la barrera,
deletreó las letras del normal saludo
iniciándose entonces, la lealtad
primaria.
Ha pasado el tiempo y la dicha es par
momentos festivos otros sin charlar,
pero es
uno el motivo que encapsula el ser
haber encontrado, sin salir a buscar.
Entonces me digo;
Haberte conocido, me encantó;
¡Vaya que sí.!
UN ÁNGEL DORADO

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