De lo que
jamás acabe
de horizontes sin finales,
y amores que perduren.
De cuerpos
hechos trizas
amasando la delicia,
del infinito apego.
El que cura la locura
de sueños sonámbulos,
de noches solitarias.
Como los besos robados
al final del gran pasillo,
en el aire, sobre el heno.
Como debe ser la libertad
esa que rompió los aros,
de infinita esclavitud.
De algo, que perdure. . .
UN ÁNGEL DORADO.

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