Sabía
. . .
Que
las flores,
no
duraban todo el verano
que
el
invierno y sus aliados,
cambiarían
los
hermosos paisajes
y aún así
. . .
benditas
sean las estaciones.
Sabía
. . .
Que
el bien y el mal caminan juntitos,
ambos
buscan almas para entretenerse
lugares
y cuerpos para camuflarse,
y
aún así . . .
que
vengan mil bondades,
las
antónimas, que sucumban.
Sí,
lo sabía;
pero
solo hasta hoy comprendo,
porque
lloramos, cuando nacemos.
UN
ÁNGEL DORADO.

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