Mágicas
rosas acariciaron su cuerpo
el
cielo, la vida, aplaudieron el hecho,
sonrió
la nube que envolvió su cuerpo
serpentinas
muy blancas,
inundaron
el cosmos.
Todo
era dicha en la tierra prometida.
Pero.
. .
Un
día de esos que son fríos y secos,
el
revés vendría
y
aquellas bonanzas de ternura viva,
con el sol se fueron sin una despedida.
Hoy
. . .
Sola, triste
y sin guardianes protectores,
sigue su destino trazando caminos
sin
espadas, sin rencores,
solamente la
acompañan
la
fuerza que dan los valores.
RIAMADO.

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