Corría la tarde,
el sol hacía un guiño al horizonte para zambullirse
y la palmera bailaba de contenta
porque la brisa besaba su cabellera
El mar con sus olas a punto de dormir
miraba paisajes mostrados con ternura,
era 7 de julio quizá un día cualquiera
pero el viento susurraba canciones de felicidad.
Hoy,
mar, palmera, sol, brisa rozadora de pieles,
enmarcan caminos que serán recorridos
con la valentía de guerreros sin espadas,
solo
con banderas
ungidas
de amor.
Dicen
que la vida
Siempre
será de encuentros. . .
RIAMADO

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